El mito del para siempre

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Todo tiene fecha de caducidad. Nos queda claro porque revisamos estas fechas en los envases de los productos que consumimos. Sabemos que la leche y el pan no duran tanto tiempo, pero esto se transfiere a muchas cosas más. Quizás pensarán que estoy siendo muy dramática, pero la realidad es que la vida no está llena de instantes duraderos, sino de momentos pasajeros que cada día nos acercan al posible final. Es una forma cruda de verlo, más tiene una razón de ser.
Aún recuerdo la perspectiva que tenía San Agustín sobre el tiempo, donde explicaba que aún el presente es pasado porque en el momento que lo notamos, ya se fue, ya se nos escurrió entre los dedos. Más allá de la idea religiosa de su pensamiento, declaraba que nuestra evolución y desarrollo personal dependía de ser finitos. El simple hecho de saber que nada sería permanente, servía como motor para movilizarnos hacia un objetivo.
Pensemos que fuéramos seres eternos, podría ser un vampiro o elfo sí queremos tener una imagen más clara, entonces estaríamos conscientes de la inmortalidad de nuestra persona. En ese contexto un año sería como un minuto y siempre habría un mañana, lo que nos llevaría a posponer constantemente actividades. Cuando el tiempo es eterno para uno, deja de tener importancia.
En cambio, en nuestra situación como ser humano, nos encontramos con que tras días y años, nuestro cuerpo no funciona como antes, se aparecen arrugas en nuestros rostros y con menos actividad nos cansamos. Está es una señal clave de cómo va pasando todo frente a nosotros. Como sí un reloj sonara tic tac tic tac de fondo, o viéramos el reloj de arena cada vez más vacío.
Más este proceso es positivo, porque nos hace movernos hacia las metas que tenemos. Estamos conscientes de que cada día que pasa no se repetirá. Pero, ¿qué pasa con las personas que conocemos? Es similar a este ciclo del que vengo hablando, todas las personas dentro de nuestra vida cumplen un ciclo al igual que los procesos naturales que vemos a nuestro alrededor. Pero, ¿cómo? Según perspectivas metafísicas estamos conformados por energía, de forma que en esencia todos somos iguales, pero no sólo entre nosotros sino también entre todo lo que conforma nuestra existencia. Objetos, animales, plantas, etc. Dicen que existe una relación entre uno mismo y lo demás debido a esta energía, y que básicamente todo llega cuando se necesita. Porque la energía vibra de modo que atraiga algo similar.
A lo que voy con esta reflexión tan compleja, es que atraemos lo que necesitamos, no son casualidades sino causalidades. Somos la causa y ocasionamos un efecto. Pero además, somos seres que van evolucionando, de forma que nos transformamos a nivel energético en una cosa distinta. Finalmente, el efecto de esto es que no necesitemos lo que en otro momento necesitábamos.
Todo esto es una antesala para el tema que me interesa: los apegos. De acuerdo a la filosofía budista el apego es lo que causa el dolor, son estas expectativas, creencias y suposiciones que trazamos. Son los lazos que atamos a cosas y personas pasando por alto lo obvio: nada es para siempre. ¿Recuerdan ese amigo de la infancia con quien eran sumamente unidos y que marco totalmente esa etapa de sus vidas? En general, esas personas ya no están hoy en nuestras vidas. Piensen por un momento qué pasó. Podría ser la distancia, los cambios en la vida, o simplemente no tienen idea. Fue algo que paso sutilmente. Y es debido a que, como pasa con todo lo demás, cumplió su motivo y se quedo sin cosas para darte, porque lo que tenía no lo necesitabas. Como seguramente paso también de su lado.
Digamos que estaba pasando por una época oscura en mi vida y me tope con una persona toda alegría que con su apoyo me ayudo a superar mis dolencias, más está persona tras ese periodo sale de mi vida. Quizás tras un tiempo de distanciamiento o hasta una discusión tonta. De repente esa persona con la que debías hablar todo el día ya no pasa por tu mente.
Sí tienes problemas con el apego, sufrirás está situación y quizás hasta hagas lo imposible por mantener este lazo, sin embargo, cuando quieres jugar con las fechas de vencimiento de las cosas, es como tirar una moneda al aire deseando lo mejor pero sabiendo que el dictamen está hecho. Es entonces cuando tras haber fluido tan tranquilamente empiezan a existir tropezones constantes y desgarradores, hasta que se llega al inminente final.
Mi deseo no es molestar a nadie o hacerlo sentir triste, sino llamar la atención a como todo lo que obtenemos es una respuesta a lo que necesitamos y que hay que aceptar esto como tal, más que pelear y negociar por que sea como deseamos.
Recuerden que el tiempo y sus ciclos es lo que asegura nuestro crecimiento, el no poder permanecer estáticos porque todo a nuestro alrededor se modifica nos arroja a la posibilidad de seguir descubriendo el mundo y a nosotros mismos.
Espero sus comentarios y hasta la próxima!

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