Vivir en las nubes

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La distracción es un problema común, ¿quién no se distrae ante una mosca o de pronto se queda mirando fijamente algún objeto?

Sin embargo, la falta de control en la atención lleva consigo problemas para el desempeño de las tareas cotidianas, desde no entender instrucciones hasta olvidar fechas importantes, incluso provocar accidentes.

La atención es la capacidad de entender algo, de tenerlo en consideración pero a la vez implica muchos fenómenos. La distracción consiste en desviar la atención.

Cuando se atraviesan momentos de preocupación intensos suelen surgir bloqueos mentales,que dificultan la creatividad y la retención de información.

Es frustrante querer hacer algo, saber cómo hacerlo y finalmente fallar en el intento al quedarse en blanco.

Relajarse, distraerse y descansar por ratos ayuda a evitar la acumulación de tensiones, no pensar es bueno en el momento preciso. Además, la práctica de la meditación mejora la memoria y evita las distracciones cuando no son necesarias.

Cuando se trata de un trastorno de la atención, sobre todo en niños es común encontrar desorganización y falta de persistencia en la realización de las tareas, que son algunas de las causas del fracaso escolar.

La motivación es indispensable y está vinculada a la atención, ya que es más probable estar atentos a lo que despierta nuestro interés y donde se evite la monotonía. Los colores, sonidos, emociones intensas son importantes para captar inicialmente la atención.

Procesar la información es clave para poner los pies en la tierra, para ello se tiene que explorar lo que se necesita retener y seleccionar lo más relevante, ya que difícilmente se puede captar todo.

Cualquiera olvida lo que no sea parte de su rutina, el proceso de adaptación suele exigir mayores niveles de atención. Por eso también es recomendable poner las cosas en el mismo lugar para evitar pérdidas u olvidarlas.

Usar técnicas conocidas como tomar notas y hacer esquemas ayuda a captar más información antes de caer en la fatiga y con ello perder la concentración. Aquello es útil cuando tenemos preocupaciones que necesitamos analizar para poner orden en los pensamientos.

El desorden está vinculado a las distracciones, porque el ambiente no favorece estímulos agradables que permitan el disfrute de actividades, en cambio hay estímulos desagradables que impiden el correcto manejo de la información por los sentidos.

Cuando se trata de atención, es importante mencionar que no se puede poner atención a varias cosas a la vez.

El gusto por la fantasía y soñar despierto son un escape ante una realidad que de alguna manera no llena, provocando evasión a los problemas o disgustos. La ensoñación excesiva puede potenciar la creatividad, pero en ocasiones entorpece la concentración.

No puede faltar el uso de la tecnología, tener distractores como el teléfono móvil, la radio o la tv encendida que con facilidad captan la atención.

La falta de sueño, consumo de ciertos medicamentos y la desnutrición también dificultan la atención.

La falta de atención se puede deber a algún desorden psiquiátrico, como la aprosexia; mientras que la paraprosexia indica inestabilidad en la atención. La distraibilidad es común en episodios maniacos debido a la rapidez con que se producen los pensamientos.

Psic.  Magali Pool

http://about.me/poolmagali

Twitter: @qdmujer

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Tu cuerpo te habla, ¿lo escuchas?

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El cuerpo siente. Sabemos que se da cuenta del calor, del frío, salen moretones cuando uno sufre de un golpe, sangra si es cortado. Parece ser una afirmación bastante tonta de hacer, sin embargo, quiero ir más allá. El cuerpo es nuestro medio de comunicación con esta vida en la que nos desarrollamos, nos permite estar aquí y es un reflejo de todo lo que pensamos, un reflejo de nuestros hábitos, nuestras actitudes. Para explicarlo de forma simple, usaré de ejemplo a las personas que fuman. Cuando se tiene ese tipo de hábitos, naturalmente cambiarán cosas en nuestro cuerpo. Hablan de los dedos, uñas y dientes amarillos pero yo quiero que nos centremos en el rostro. ¿Qué pasa con el? Se hacen unas distintivas arrugas alrededor de nuestra boca y es algo que podemos ver a distancia y nos puede dar una pista de cómo es la persona.

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Si vemos por otro lado a otra persona con sobrepeso, podemos pensar que tiene malos hábitos alimenticios y una vida sedentaria. Si pasa una persona con un ceño fruncido, ¿qué pensaremos? Enojona, gruñona. Gente que tiende a ciertas expresiones y ciertos hábitos lo imprimen en su cuerpo.

Pasa exactamente lo mismo con las emociones, nuestras emociones al ser muy intensas o cuando no les permitimos fluir como hablamos en una entrada anterior (Mitos de las emociones), terminan saliendo a través de nuestros poros. Esto es somatizar. El padecer de forma física algo referente a nuestras emociones, que este término tiene dos cara: los trastornos por somatización o somatoformes y la somatización, como la explico ahora.

Está en el lenguaje cotidiano “Me quedé paralizada del miedo”, “Me enojé tanto que hasta me duele el estómago”, “Ya cállate que de oírte me duele la cabeza”, “Siento como si cargara mil kilos en mis hombros”, pero nada más claro que “Estoy temblando de la emoción”.

Somos, como individuos, una entidad. Un triángulo que constituye en cada una de sus puntas distintas cuestiones: emociones, físico y la mente. No estoy olvidando la espiritualidad, pero me parece esa no es una punta más de lo que es una capa que recubre todo. En fin, si una de estas áreas se ve afectada, las demás sufren. Es decir, si soy súper deportista y mañana tengo una lesión que me impedirá hacer ejercicio por los próximos tres meses, ¿cómo creen que afectaría mi estado de ánimo? ¿o mi mente? Por supuesto, no me volveré tonta, pero me sentiré triste y probablemente me costaría dormir porque no estaría quemando el mismo número de calorías (energía).

Si vivo el fallecimiento de un ser querido, pasará de manera similar pero enfocada en otra punta: mis emociones. Sentiré una tristeza y melancolía fuerte que no me permitirá concentrarme (mente) y quizás me quite el apetito (cuerpo), por lo que perdería peso. Somos parte de un balance perfecto y en el momento que uno se ve afectado, todo lo demás padece.

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Algunas de las somatizaciones más comunes (junto con sus causas) acerca de las cuales podemos hablar están:

  • Dolor de estómago. El estómago es considerado el centro de las emociones, por lo que cuando las contenemos se ve reflejado en él.
  • Dolor de pecho o sensación de asfixia. Sumamente relacionado con el mal manejo de la ansiedad.
  • Dolor o tensión en la espalda / cuello. Común cuando vivimos altos niveles de estrés.
  • Irritaciones en la piel. También relacionado con la ansiedad, una persona en este estado es más propensa a rascarse.
  • Dolor de garganta. Dicen tiene que ver con no decir lo que se siente, por lo que la energía se queda posicionada ahí.
  • Dolor de cabeza. La cabeza se relaciona con todo, porque dependerá mucho de cada persona. Pero tiene que ver con indecisión o estrés antes diversas situaciones.

Entonces, podemos decir que un mejor manejo emocional nos ayudará a sufrir menos de somatizaciones, por lo que te recomiendo revises un artículo que escribí anteriormente “Si lloro me arrugo: Mitos de las emociones” y si deseas aprender más de métodos para relajación, puedes leer “Más meditación, menos vodka”.

Esto sería todo por hoy y recuerda: Escucha a tu cuerpo porque es más sabio de lo que crees. Hasta la próxima.