Más meditación, menos vodka

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Como civilización hemos dedicado siglos enteros a la búsqueda por mejorar nuestra condición. Encontramos métodos más rápidos de comunicación y de transporte; cómo mantenernos cálidos en invierno o frescos en verano; iluminamos nuestros hogares de manera que nosotros decidiéramos qué tanto duraría el día; construimos ciudades para alejarnos de aquellos animales que ponían en peligro nuestra existencia y hasta llegamos a domesticar a algunos para ya no verlos como amenaza; elaboramos medicamentos para no sufrir enfermedades o para que éstas no nos llevaran consigo. Básicamente dedicamos mucho tiempo para crear nuestro mundo, nuestra burbuja.

Esto ha tenido un costo, el que me interesa particularmente hoy es cómo nos alejamos de la naturaleza y cómo ésto nos afecta a niveles que quizás no tenemos siquiera presentes. Un ejemplo quizás tonto es cuando buscamos los sonidos de la naturaleza para dormir, los ponemos de fondo para contrarrestar los efectos de vivir en un mundo urbanizado. La vida como la conocemos es estresante, son millones de estímulos de los cuales no podemos huir, entonces ¿qué sucede? Atención selectiva. Esto de por sí lo realiza el cuerpo de manera natural, pero nosotros lo hacemos en nuestra vida diaria, decidimos que sí sentir y que no. Les prometo que en un momento tendrá sentido lo que les digo.

La vez pasada les hablé un poco acerca de la baja tolerancia que tenemos a la frustración, simplemente no nos gusta sentirnos mal. Esto nos arroja a distintos caminos de acción, uno más fácil que el otro. En el camino difícil se encuentra el autoanálisis, la reflexión sobre el por qué de los sucesos de manera objetiva y práctica, es decir, “la relación no funcionó porque no eramos compatibles pero además, yo me comporté de “X” forma que no fue positiva y es algo que ahora que me di cuenta puedo cambiar”, pero es confrontativo, es admitir de forma consciente la vulnerabilidad de nuestra persona, por lo cual muchos toman el camino fácil: tomar lo primero que esté a la mano para entumecer la sensación, dentro de este camino existen opciones más dañinas que otras y creo es necesario mencionar algunas: ingerir cantidades de alcohol desorbitantes, fumar obsesivamente, consumo de drogas o estupefacientes, pastillas para todo (dolor, sueño, antidepresivos). Si hablamos de medicamentos reconozco que muchas veces son necesarios, sin embargo, el problema es cuando es la primera opción y cuando se utilizan como medio de escape.

A donde quiero llegar, dando quizás varias vueltas, es que si algo malo pasa somos pocos los que decidimos resguardarnos de manera que haya un crecimiento por la experiencia, más bien se tiende a huir hacia la fiesta, salir con los amigos hasta el cansancio, tomar como deporte, etc. Esto nos aleja de la paz que trae el estar con uno mismo y con la naturaleza. La meditación es una forma de regresar a esto.

Pero, ¿qué es meditar? Es la práctica de un estado de atención concentrada, que tiene múltiples beneficios que podemos clasificar en tres distintas áreas.

1. Salud: relajación, reducción de la presión sanguínea y del alto colesterol, rejuvenecimiento, mejora del sueño.

2. Psicológico. Mejoramiento de las funciones cerebrales, memoria, estados de atención y concentración. Estado de equilibrio, calma y lucidez.

3. Interpersonales. Disminución de estados de ansiedad y depresivos. Mayor autoestima, desarrollo personal y satisfacción.

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Básicamente podemos decir que tiene muchos beneficios pero el mayor de ellos es traer calma a la persona, de manera que resulta más sencillo enfrentar lo que pasa día a día.

Comúnmente se dice que meditar es complejo, pero no lo es, es un proceso que requiere de práctica y tiene distintos niveles de dificultad conforme a eso, encontré un video muy didáctico para aprender a meditar que les comparto a continuación:  

Así que los invito a intentar esta práctica milenaria que ha comprobado tener muchos efectos positivos en la mente y el cuerpo. Agradezco sus comentarios y dudas. ¡Hasta la próxima!

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